Chiara cerró la caja de roble con lentitud, como si temiera que el más leve movimiento pudiera delatarla. Había envuelto el diario con una tela de lino antigua que había encontrado en uno de los cajones. Lo escondió cuidadosamente detrás del gran espejo del tocador, donde la madera estaba un poco suelta. Un escondite improvisado, pero eficaz. Aún sentía en los dedos el peso de las palabras de Martina, aún le temblaba el pecho.
El aire en la habitación estaba cargado. No de polvo, sino de memori