Chiara estaba dispuesta a descubrir toda la verdad. Había algo oculto, algo que nadie sabía. Así que decidió ir a la antigua habitación de Martina, ese lugar que ya estaba abierto para ella, al menos simbólicamente. Iba a buscar en cada cajón, en cada rincón, sin dejar un solo centímetro sin revisar.
El santuario se encontraba en silencio, ligeramente iluminado por la luz exterior. Los fantasmas del pasado parecían presentes en el ambiente. Chiara comenzó a hurgar en los cajones: ropa antigua,