No me toques.
Después de que consolara a Adriano de esa pesadilla, su relación comenzó a sentirse menos tensa y a hacerse más normal. Eso le encantaba a Chiara. Adriano miraba a la mujer que estaba frente a él, tan hermosa y fuerte, que hacía que se fuera enamorando realmente de ella. No era una obsesión por el parecido con su difunta esposa, Martina.
Chiara, sin que nadie se diera cuenta, por las mañanas, muy de mañana, salía a las caballerizas a saludar a Aldebarán, el caballo. El hermoso ejemplar relincha