La lluvia golpeaba con suavidad los ventanales de la antigua biblioteca de los Bianchi. Las lámparas de mesa lanzaban un resplandor cálido sobre los estantes repletos de libros antiguos, el aire impregnado con el olor de cuero envejecido y papel húmedo. Adriano había pasado horas leyendo documentos de la familia, planes, cartas viejas. En algún momento, sin darse cuenta, se quedó dormido en el sillón de cuero junto a la chimenea.
El silencio fue interrumpido por un suspiro profundo… y luego otr