Veinte años atrás.
El cielo estaba gris esa tarde, como si la tormenta supiera lo que iba a ocurrir antes de que alguien pudiera impedirlo. El viento soplaba con fuerza entre los árboles que rodeaban la propiedad, levantando hojas secas y polvo por el sendero que conducía a las caballerizas. Martina había salido sola, sin avisar a nadie. Tenía los ojos apagados y los labios resecos, como si llevara días sin dormir. Caminaba con pasos lentos, arrastrando las botas por el suelo.
Antares, su caba