En definitiva...
Adriano entró en la habitación donde se encontraba Chiara. Había notado extraña a su esposa desde aquella última vez que ella despertó sobresaltada. Todo tenía que ver con la pesadilla que había tenido, una visión que la había dejado inquieta, pero de la cual solo había podido mencionar una palabra: caballerizas.
¡Ese maldito lugar! —exclamó su mente con rabia contenida—. Si bien su familia amaba a los caballos, él los aborrecía desde lo que sucedió con Martina. Solo los conservaba porque eran