Damien no había mencionado el nombre de su madre ni una sola vez en las tres semanas que lo conocía.
Ni en cocinas a las cinco de la mañana, ni en la parte trasera de un Maybach, ni en una sala de conferencias, ni en un avión chárter sobre el Atlántico. En la biografía que había escrito sobre él, ella existía como una sola frase editada: *Mamá se fue cuando Damien tenía ocho años*. Sin matices. Sin detalles. El tipo de ausencia que uno elimina tan completamente de su propia narrativa que la eli