Escuché la grabación cuatro veces antes de confiar en mis propios oídos.
Cada vez que Patrick Greaves pronunciaba el nombre de Damien, buscaba algo que lo hiciera menos creíble. Una vacilación que sugiriera manipulación. Una inconsistencia en el audio que indicara invención. Algo que pudiera contrastar con su peso y decir: no, esto no suena como debería.
No había nada.
La grabación duraba treinta y siete segundos y hablaba de un hombre que sonaba como alguien que había cargado con una pesada ca