La noche en la Patagonia no era simplemente oscura; era una entidad física, un sudario de hielo que parecía querer asfixiar el refugio de la Red. Dentro, el ambiente no era más cálido. Antonia permanecía junto al ventanal, con la nota de Alejandro temblando entre sus dedos. La caligrafía, antes elegante y autoritaria, se mostraba ahora errática, con trazos que denotaban una debilidad que ella no podía asociar con el hombre que recordaba vagamente como su dueño.
Noah la observaba desde la penumb