El silencio en la cueva era una entidad física, densa y cargada de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara. A pesar de que el estruendo de las explosiones en el Santuario de Cristal se había apagado, dejando solo un eco sordo en la memoria, el aire seguía vibrando con la violencia de lo ocurrido. Noah, con el pecho agitado y el brazo vendado manchado de un rojo fresco, intentó acercarse a Antonia. Llevaba en sus manos la chaqueta de lana que ella había dejado c