El sol entraba por la ventana del hospital como una advertencia.
Antonia llevaba tres días despierta. Tres días desde que abrió los ojos en ese techo blanco sin saber quién era. Tres días de médicos que hablaban en términos que no quería entender, de ruidos que no reconocía, de olores que no le decían nada.
Tres días de Noah.
Él seguía ahí. En esa misma silla de plástico blanco que parecía diseñada para ser incómoda. A veces se levantaba, salía al pasillo, hacía llamadas en voz baja. Pero siemp