El bosque se fue deshaciendo a medida que avanzaban.
Antonia caminaba detrás de Elena, sintiendo las ramas rasgar su vestido, la tierra húmeda hundirse bajo sus pies descalzos. Los otros la rodeaban en silencio, moviéndose entre los árboles como sombras que la noche había olvidado recoger. Nadie hablaba. Nadie preguntaba. Solo caminaban, guiados por una luz que ella no alcanzaba a ver.
El sol ya estaba alto cuando llegaron a un claro. En el centro, una casa de piedra se alzaba entre los árboles