Noah perdió la noción del tiempo en esa celda. No había relojes, no había ventanas, no había ninguna marca que le permitiera medir el paso de las horas. Solo la bombilla desnuda que parpadeaba cada tanto, como si también estuviera cansada de estar encendida. La humedad se filtraba por las grietas del suelo, y el frío se pegaba a sus huesos como una enfermedad que se instala sin permiso. Había intentado dormir, pero el dolor en las muñecas y la tensión en los hombros se lo impedían. Había intent