El sol de la mañana entraba por los ventanales de la biblioteca, iluminando la mesa donde Gabriela había desplegado sus documentos. El mapa de la red de tráfico de niños era un laberinto de líneas y nombres, una telaraña que se extendía por todo el país. Alejandro, Antonia, Noah y Clara la rodeaban, con los ojos fijos en el papel. Elena había preparado café, y el aroma se mezclaba con el de los jazmines que entraba por la ventana abierta, creando una atmósfera que contrastaba con la gravedad de