La oscuridad era una presencia espesa que se pegaba a la piel como una segunda piel, húmeda y fría, impregnada de olores que Noah tardó en identificar: humedad, moho, sangre seca y un dejo metálico que le recordaba a los sótanos de los edificios abandonados donde alguna vez había refugiado a familias enteras. El dolor fue lo primero que registró su conciencia, un latido sordo que le recorría la nuca y se expandía por los hombros como una oleada de calor eléctrico. Intentó mover los brazos y las