El sol de la mañana se elevaba sobre el lago como una promesa de oro líquido. Sus rayos, aún tibios, se filtraban entre las ramas de los árboles y dibujaban figuras danzantes sobre el césped recién cortado del jardín. Los jazmines, que habían sido el centro de la decoración, despedían un perfume tan intenso que parecía flotar en el aire como una caricia invisible. Todo estaba listo. El arco de madera tallada por Noah se alzaba en el centro del jardín, adornado con flores blancas que se mecían c