La cabaña estaba sumida en un silencio que ya no era el de la calma, sino el de la rendición. Antonia llevaba tres días encerrada desde la reunión en el Santuario, desde que Caleb había presentado sus conclusiones y la duda se había instalado como una sombra en cada mirada. Noah dormía en el sofá de la sala, no por distancia física sino por la que ella misma había impuesto. No podía soportar verlo mirarla con esos ojos que ya no estaban seguros de nada, que buscaban en ella a la mujer que había