La noche cayó sobre la cabaña como un manto de terciopelo negro, sin luna, sin estrellas, solo la oscuridad más absoluta presionando contra los vidrios como un animal enorme que quería entrar. Antonia no podía dormir. Las palabras de Elena resonaban en su cabeza como un eco que no se apagaba: «Vamos a tenderle una trampa. Algo que solo ella pueda filtrar.» Era la única forma, lo sabía. Las pruebas no habían funcionado. Las acusaciones directas tampoco. Camila era demasiado inteligente para caer