Alejandro caminó por el pasillo con pasos inseguros, sintiendo que el corazón le latía con una fuerza que casi lo ahogaba. No había dormido. No podía. Las palabras que le había dicho a Clara la noche anterior le resonaban en la cabeza como un eco que no se apagaba, y el recuerdo de su mirada herida lo perseguía como un fantasma. No sabía cómo pedirle perdón. No sabía si ella iba a querer escucharlo. Pero sabía que tenía que intentarlo. Que no podía dejar que el miedo lo venciera otra vez. Que n