La mañana avanzaba lenta, con un sol que se abría paso entre las nubes y calentaba los vidrios de las ventanas de la mansión. Alejandro había dejado a Clara descansando en su habitación, con la promesa de volver en cuanto descubriera qué había causado aquella extraña reacción en ella. La imagen de Clara, temblorosa y ardiente, aún resonaba en su mente, y con ella, un sentimiento nuevo que no sabía cómo nombrar. No era solo preocupación. Era la necesidad de protegerla, de entender qué le había p