Caminé a paso lento de regreso al automóvil, con las manos tensas y la mente atrapada en un lugar al que no quería volver. El bosque ya no se sentía igual. El silencio pesaba de una forma distinta, como si algo se hubiera roto en el aire, como si algo se hubiera ido para siempre.
Tragué saliva y apreté la mandíbula, intentando contener lo que empezaba a formarse en mi pecho. Me sentía culpable.
Había dejado a mi madre sola en medio de la nada.
Sola.
La palabra retumbó en mi cabeza con una fue