—Entonces, Miel, ¿por qué me salvaste?
La pregunta quedó suspendida en el aire entre nosotros, cargada de desconfianza y algo más que no lograba definir. Ella no respondió de inmediato, se limitó a encogerse de hombros, como si no fuera una gran cosa, y luego dejó escapar una pequeña sonrisa que no alcanzaba del todo a sus ojos.
Su semblante se notaba triste, como si hubiera algo que yo no estuviera considerando.
Como si ella supiera algo que yo no.
Y eso no me gustaba.
—Porque te iban a mata