Cuando llegamos a casa, lo último que necesitaba era seguir pensando en la conversación inconclusa que había tenido con mi madre en el hospital.
Quería sacarme aquella amarga sensación de encima, pero al mismo tiempo estaba ansioso por volver a verla y obtener por fin la verdad sobre mi pasado.
El silencio del departamento era casi incómodo después del ruido constante de la ciudad. Al entrar me quité la chaqueta y la dejé caer sobre una silla mientras avanzaba hacia la sala.
—Los accionistas