El trayecto hasta el hospital se sintió más largo de lo habitual.
Leah conducía con una concentración inusual mientras el tráfico de la ciudad se abría lentamente frente a nosotros. Yo permanecía en silencio en el asiento del copiloto, observando las luces de los edificios pasar una tras otra por la ventana.
Se estaba haciendo de noche y algo en mi pecho no se sentía bien.
No era exactamente miedo, pero sentía que me costaba respirar con normalidad.
—Tu madre va a estar bien —dijo Leah de pr