Clara
—Ya deja de hablar, ¡joder! —suelta él en un gruñido ronco y quebrado.
Antes de que pueda asimilar el insulto o la orden, sus manos grandes y cálidas viajan con urgencia hacia mi rostro, acunando mis mejillas con una firmeza que me corta el aliento por completo.
Se inclina hacia abajo con una ferocidad contenida y estrella sus labios contra los míos, silenciando mi histeria de un solo golpe.
Al principio me quedo en un shock absoluto, con el cuerpo completamente rígido y los ojos abiert