100. Voy a cazarlo
Maximiliano
Me quedo completamente paralizado. Las palabras del niño flotan en el aire de la habitación, pesadas, asfixiantes. Mi mente, siempre rápida para conectar puntos y calcular estrategias, se apaga por un segundo. ¿A él no le hará nada? ¿Por qué el monstruo ignoraría al eslabón más débil de la cadena para ensañarse únicamente con ella?
—¿A qué te refieres con que a ti no te hará nada, Matti? —le pregunto, y siento cómo mi propia voz se vuelve extrañamente densa.
El niño se da cuenta de