99. No puede tocarla
Maximiliano
Cierro la puerta del estudio a mis espaldas y me quedo un segundo inmóvil en el pasillo, mirando la madera como si pudiera ver a través de ella. Mi muñeca todavía conserva el calor de los dedos de Clara. “No eres un monstruo”, me dijo. Sus palabras, pronunciadas con esa voz trémula pero cargada de una certeza que no merezco, siguen repicando en mi cabeza. Maldita sea. Me paso una mano por el rostro, intentando sacudirme el efecto de su mirada, de su sonrojo, de esa forma tan caótic