97. Necesito tu ayuda
Clara
El eco del portazo de Matías todavía reverbera en las paredes de mi cráneo como una detonación. Me quedo inmóvil en mi silla del comedor, con las manos aún cubriendo mi rostro, sintiendo las lágrimas calientes filtrarse entre mis dedos. El pecho me sube y me baja en espasmos cortos, sofocados. Cada latido es una acusación. Mentirosa. Te odio. Esas palabras, salidas de la boca del ser que más amo en este mundo, se clavan en mi estómago con la fuerza de un puñal oxidado.
—Todo sería mucho m