49. Están despedidos

Maximiliano

Doy media vuelta sobre mis talones sin despedirme, dejando a Berta con la pregunta en el aire, y me alejo a grandes zancadas hacia el pasillo de servicio principal.

Mi mente empieza a trabajar a mil revoluciones por minuto, llenándose de una furia ciega y posesiva. Pensar que tal vez se ha escapado, que ha aprovechado la orden del café para huir de Chicago, para alejarse de mí y de la sombra de su padre sin decir una sola palabra, me hace apretar los puños hasta que los nudillos me
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