50. Fantasma del pasado
Maximiliano
No espero a ver sus reacciones. Doy media vuelta sobre mis talones y salgo corriendo por el pasillo de servicio hacia el ala norte, con el corazón retumbando con una fuerza brutal contra mis costillas, como un tambor de guerra que me ensordece.
No puedo creer que estos malditos juegos de niños hayan ocurrido en mi propio hotel, bajo mi administración.
Siento una rabia ciega contra la incompetencia de mi seguridad y una urgencia desesperada, una necesidad física de llegar hasta el