125. Soy desagradable
Clara
El calor del pecho de Maximiliano me envuelve en el segundo exacto en que sus labios vuelven a estrellarse contra los míos.
El estudio, el hotel, las amenazas de mi padre y el mundo entero desaparecen de mi mente, reducidos a cenizas por la intensidad con la que este hombre me reclama.
Mis manos se hunden en sus hombros desnudos, sintiendo la firmeza de sus músculos tensos, mientras él me arrastra hacia el interior de su habitación.
La puerta se cierra a nuestras espaldas con un