126. Mientes
Clara
Siento cómo el cuerpo de Maximiliano se tensa al instante detrás del mío al escuchar mi confesión. Sus músculos se vuelven de piedra y su respiración se detiene por una milésima de segundo. Sé que ha entendido perfectamente a qué me refiero. Sin embargo, no se aleja ni un milímetro. Al contrario, me gira lentamente por la cintura hasta que quedo completamente de frente a él en la penumbra de la habitación.
—Entonces muéstrame —me dice, clavando sus ojos oscuros en los míos con una fijeza