137. Peor de lo que pensaba
Maximiliano
El ruido del motor de mi auto es lo único que compite con el zumbido violento en mis oídos. Salimos de la gala tan rápido que apenas recuerdo haberle tirado las llaves al aparcacoches. Tengo una mano fija en el volante, apretándolo con tanta fuerza que los nudillos me duelen, mientras que con la otra sostengo el teléfono celular contra mi oreja en altavoz, apoyado en la consola central. A mi lado, Clara me observa en silencio, con los ojos grises cargados de una ansiedad que casi pu