140. ¡Acepto!
Clara
El mazo del juez golpea la madera y el sonido resuena en la sala del tribunal como el punto final de una larga pesadilla. No me giro a mirar atrás. Sé perfectamente quiénes están sentados en el banquillo de los acusados, pero ya no tienen ningún poder sobre mí. Las esposas tintinean cuando los oficiales de seguridad los obligan a ponerse de pie.
—Por los cargos de fraude fiscal, lavado de dinero y privación ilegal de la libertad —dicta el juez con voz monótona y firme—, se condena a Mauri