Se metió en el baño y dejó que el agua caliente recorriera su cuerpo, intentando calmar los nervios que la recorrían. Mientras el vapor llenaba la habitación, Alexandra no podía dejar de pensar en lo que había sucedido anoche y unos minutos antes. Cada roce, cada mirada, cada palabra de Gabriel estaba grabada en su mente como un fuego que no podía apagar.
¿Qué estoy haciendo? —pensó, mientras cerraba los ojos y dejaba que el agua cayera sobre su rostro—. Él no es cualquier hombre… y yo… yo sigo