Alexandra sintió como la presión bajó hacia sus pies, Ethan contuvo su respiración y Gabriel los miraba esperando una respuesta.
— ¿Y bien? — Gabriel se cruza de brazos esperando una respuesta.
— Yo… tengo que irme. — dijo Ethan mientras que no despegaba la mirada de Alexandra.
Alexandra sintió cómo la presión descendía hasta sus pies, como si el suelo se volviera inestable bajo ella. El silencio que dejó Ethan al salir fue ensordecedor. Gabriel seguía allí, de pie, con los brazos cruzados, observándola con una mezcla de impaciencia y sospecha.
Alexandra tragó saliva.
Este es el momento, pensó.
El instante que había evitado durante semanas. Durante noches enteras de insomnio, de manos temblorosas sobre su vientre aún discreto, de promesas silenciosas a un bebé que crecía ajeno al miedo de su madre. Había querido protegerlo… o tal vez se había estado protegiendo a sí misma.
— Gabriel… —su voz salió más baja de lo que esperaba.
Él alzó una ceja, sin suavizar el gesto.
— ¿Qué es eso