Capítulo 59
Un Alfa dulce
Erick no dijo nada más. Su instinto fue tomarla de la mano, envolver sus dedos con los de ella, la calidez que sintió al tocarla fue tan intensa que su lobo interior se agitó. Era una sensación que no tenía nada que ver con deseo físico, sino con un impulso de protección feroz.
—Vamos adentro —murmuró, guiándola con firmeza pero con cuidado.
Ella no se resistió, fueron caminando lentamente atravesaron los jardines en silencio, y él la llevó por uno de los pasillos late