Capítulo 33
La traeré de vuelta
Denzel
Las paredes de piedra seguían tan frías como su propia sangre. El aire tenía un leve aroma a medicinas y tierra húmeda. Denzel se aferró al borde de la mesa para impulsarse. Las piernas aún le dolían, pero esta vez no se desplomaron. Logró mantenerse en pie, aunque cada músculo parecía tensarse en protesta. Caminó con lentitud hasta el espejo que colgaba al fondo de la habitación. Lo que vio lo hizo fruncir el ceño, su torso, que alguna vez fue digno de un