Lola abandonó aquel lugar con pasos lentos, sintiendo que cada centímetro del pasillo pesaba sobre sus hombros. El eco de sus tacones resonaba en el silencio del lujoso hotel, mientras una mezcla de rabia, decepción y vacío se apoderaba de su pecho.
Llevó una mano hasta su boca y dejó escapar una risa breve, amarga, casi irónica.
—Ahora... soy una esposa infiel.
Las palabras escaparon de sus labios en un susurro que solo ella pudo escuchar.
Sin embargo, apenas las pronunció, negó lentamente con