POV Azkarion
Sonreí, incapaz de contener la emoción que me desbordaba. Pero esa sonrisa se congeló casi de inmediato cuando vi que el médico tomaba a mi hijo y lo alejaba de nosotros.
El miedo regresó como una ola helada, golpeándome el pecho con fuerza.
Lo vi alejarse en brazos ajenos, tan pequeño, tan frágil… y, por primera vez desde que entré en aquella sala, sentí que algo podía salir mal.
Mi corazón latía con fuerza desbocada, y un nudo imposible de deshacer me apretaba la garganta. No. No ahora.
No después de todo. Esperé en silencio, con los puños, rezando a un dios al que hacía años no le pedía nada, rogándole con la intensidad de un hombre que se siente impotente por primera vez en la vida.
Lo limpiaron con cuidado. Lo pesaron.
Lo envolvieron, lo revisaron de pies a cabeza, le hicieron pequeñas pruebas.
Yo los observaba desde lejos, inmóvil, conteniendo la respiración como si exhalar pudiera romper el frágil hilo que mantenía a mi hijo con vida. Cada segundo se me hacía etern