POV Azkarion.
Hay un momento en la vida en el que el miedo deja de ser una palabra. Deja de ser una posibilidad lejana o un pensamiento incómodo que se empuja al fondo de la mente. Se vuelve físico. Se instala en el cuerpo. Aprieta el pecho como un puño invisible, hace temblar las manos, cierra la garganta hasta impedirte respirar con normalidad.
Ese momento, para mí, es hoy.
Hoy tengo miedo como nunca antes.
No es un miedo racional, no es uno que pueda analizar, controlar o someter con la lógica que tantas veces me ha servido para dominar el mundo que me rodea. No tiene que ver con pérdidas económicas, ni con decisiones estratégicas, ni con el peso del poder. Es un miedo primitivo, brutal, visceral.
El tipo de miedo que te recuerda, sin piedad, que por más títulos, fortuna o influencia que poseas, sigues siendo un hombre. Frágil. Mortal. Impotente ante ciertas cosas.
Escuchar a Verena sufrir me está destrozando.
Sus gemidos llenan el interior del automóvil como cuchillas invisibles q