Narrador.
—¡Aiden, bájate de ahí antes de que rompas las cortinas! —exclamó Valeria, plantándose en mitad de la biblioteca con las manos en las caderas y una expresión de regaño que era el vivo retrato de Maribel.
—¡No puedo! —chilló el pequeño príncipe desde lo alto de una enorme estantería de madera—. ¡Te digo que mis pies se movieron solos y ahora no sé cómo encoger las uñas!
Valeria, que tenía la misma edad que el príncipe Aiden pero el triple de sentido común, suspiró con pesadez. Al m