La luz del sol se filtró por la ventana y me incomodó. Desperté con un dolor tras las sienes, una presión sorda que me hizo cerrar fuerte los ojos varias veces.
El hecho de tener la esencia de la diosa Luna dentro de mí empezaba a pesarme porque no tenía idea de cómo hacer las cosas bien y salvar al mundo.
Me incorporé en la cama con dificultad
—Maribel… —la llamé con la voz ronca—. ¿Tendrás algo para el dolor de cabeza?
Mi amiga no tardó en aparecer con una taza humeante. El olor a menta