El silencio en la cabaña de Seth era abrumador. Apoyé mis manos sobre la mesa de madera, mientras sentí un vacío llenar mi pecho. Todavía seguía en shock.
De forma inconsciente, desvié la mirada hacia la escalera que subía a las habitaciones. En cualquier otro momento, Lilia habría bajado saltando, con su cabello desordenado y esa sonrisa que iluminaba hasta el día más gris.
Pero esta vez, los escalones permanecieron desiertos. Ella no bajó como era costumbre y eso me hizo sentir peor.
—Elo