—¿Me amas realmente, Eloise? —insistió él, con una sonrisa de lado.
Su mirada estaba llena de una diversión que iluminaba sus ojos amarillos.
—No pienso repetirlo otra vez, Seth —respondí, sintiendo cómo el calor subía de nuevo a mis mejillas.
—Vamos, por favor... solo quiero escucharlo una vez más de tus labios —rogó.
—No.
Seth no se dio por vencido. Se acercó con lentitud hasta mi oreja, dejando que su aliento cálido me erizara la piel antes de soltar un susurro que alteró cada átomo de