Capítulo 5: Determinación

—¿Por qué no me dejó explicar mi situación? —Llevé ambas manos a mi rostro, decepcionada de mí misma. 

Cualquiera creería que fui cómplice de Magnus al haber estado junto a él, ¿no? 

Me mordí el labio y obligué a mi cuerpo a probar un poco de comida, aunque tenía hambre y la comida estaba deliciosa, me costó tragar cada bocado. 

Pasé horas en silencio, sin hacer nada más que dejarme consumir por mis pensamientos. 

¿Cómo iba a vengar a mi madre, y cómo iba a destruir al hombre que había arrasado con mi mundo? 

De pronto, la puerta se abrió con brusquedad. Lilia irrumpió en la habitación, jadeante, con una mirada desesperada. 

—¡¿Qué fue lo que pasó?! —exclamó, acercándose a la cama. 

Parpadeé. 

—¿Eh? 

Lilia tomó mis manos y me miró con preocupación. 

—¡Mi hermano me dijo que te irás mañana! —soltó—. Y que te ibas a casar con Magnus, por eso tenías ese vestido de novia. ¡No me importa lo que él diga de ti! Yo te creo, Eloise. 

Un calor inesperado me llenó el pecho al ver que esa niña, tan pequeña y frágil en apariencia, se convirtió en un ancla frente a mi soledad. 

Ese apoyo, aunque diminuto, era un refugio en aquel lugar que me resultaba ajeno.

Sonreí. 

—Gracias, pero tu hermano es el alfa de la manada, ¿no? —dije, un poco decepcionada—. Él ya ha tomado su decisión. No puedo hacer nada al respecto. 

—¡¿Y a dónde irás?! No tienes un hogar al cual regresar. Mi hermano también me contó que eras parte de la manada HollowPine, y ellos… —Lilia bajó la cabeza, con tristeza. 

Un nudo se formó en mi garganta al recordar los viejos tiempos, cuando mi madre me regañaba por hacer pasteles de tierra y hojas, y el alfa terminaba defendiéndome. 

—No lo sé… —murmuré—. Regresaré a mi clan, tal vez encuentre las cenizas. 

—Ese lugar está custodiado por los hombres de Magnus. La manada HollowPine tenía muchos recursos debajo de sus tierras, como oro, hierro, e incluso hay rumores de diamantes… —explicó, concentrada en sus palabras—. No puedes ir a ese lugar si Magnus intentó matarte. 

—¿Cómo sabes que intentó matarme? —cuestioné, incrédula. 

No le había contado a nadie ese detalle, ni siquiera a Seth. 

Lilia sonrió. 

—Tengo buena intuición… —susurró, con un dedo alzado—. Y leo muchos libros en la biblioteca, de fantasía y romance. Supuse que fuiste perseguida después de tu boda y tu esposo te lanzó por el acantilado para deshacerse de ti. 

No pude evitar reírme por sus ocurrencias. 

—Lilia, no estás tan alejada de la realidad, aunque me caí por un descuido —confesé, con nostalgia.

—¡Casi! Bueno… ¿por qué ibas a casarte con Magnus? —preguntó, con el ceño fruncido—. Él ha hecho sufrir a mucha gente. Es un pésimo rey, solo se beneficia del pueblo sin dar nada a cambio. 

—Eres muy inteligente, Lilia —le dije—. ¿Cuántos años tienes?

—¡Es porque amo leer! —rio—. Tengo ocho años, pero sé muchas cosas gracias a mi hermano, Alaric, y los libros —contó con sus dedos. 

—Ya veo. 

—Cuéntame tu historia, Eloise… —pidió, con sus ojos brillantes—. Haré que mi hermano cambie de opinión, lo prometo. 

—¿Crees que él…? 

—Seth no es malo —comentó—. Él solo se preocupa por la manada. Te ve como una amenaza, pero yo no creo que lo seas. 

—Lilia… 

Los ojos se me llenaron de lágrimas porque esa niña estaba confiando en mí, y era justo lo que necesitaba. Que alguien creyera en mi historia. 

—Te escucho. 

Le conté a Lilia absolutamente todo. Cada detalle de mi estadía en la mansión del rey; cómo fui obligada a casarme con él a cambio de que dejara en paz a mi manada y no les exigiera tantos recursos. 

También le confesé que, contra toda lógica, terminé enamorándome, que el destino nos emparejó… pero él me humilló, rechazó el vínculo y finalmente ordenó que me mataran.  

Mientras hablaba, sentía que cada palabra me desgarraba de nuevo, como si reviviera la traición una y otra vez.

Ella me escuchó sin interrumpir. 

(...) 

Al día siguiente, me dispuse a marcharme, convencida de que Lilia no había logrado persuadir a Seth. No tenía nada conmigo, ni ropa, ni objetos, solo lo que me habían dado en ese lugar.  

Tomé aire y abrí la puerta, pero me quedé helada al instante. Seth estaba allí, como si llevara rato esperando. Mis ojos se abrieron por la sorpresa. 

—¿Seth? —susurré, aún en shock. 

—Entra —ordenó. 

Le hice caso, confundida.

—Ya me voy. No quiero seguir siendo una molestia para la manada, y tampoco quiero que tengan miedo de mí —solté, con la cabeza gacha. 

—Lilia habló conmigo. 

—¿Eh? 

—No confío en ti, pero Lilia está muy convencida de que dices la verdad… —expresó, cruzado de brazos—. Dime, Eloise, ¿de verdad quieres matar al primer hombre que se robó tu corazón? 

—P-por supuesto. 

—Demuéstramelo. 

Seth se acercó demasiado, tanto que pude sentir su respiración cerca de mí. 

Tragué saliva. 

—¿Cómo puedo hacerlo? 

—Imagina que soy Magnus, ¿qué es lo primero que harías al verlo? —cuestionó. 

Mi mente se quedó en blanco. Imaginar que Seth pudiera ser Magnus era imposible; eran hombres distintos, totalmente opuestos. 

—¿Quieres que te golpee? —pregunté con una risa nerviosa.  

Él asintió sin apartar la mirada.  

—Muy bien, pero luego no quiero quejas.  

Reuní toda mi fuerza y lancé un puñetazo, convencida de que impactaría, pero Seth lo interceptó con facilidad, atrapando mi mano en el aire. 

Abrí los ojos, sorprendida. Había creído que me dejaría hacerlo y me permitiría descargar mi furia. Su agarre firme me recordó que no podía vencerlo, y que mi debilidad seguía siendo una cadena imposible de romper. 

—Pero… 

—Magnus no se quedará quieto esperando que lo golpees. Él actuará y te matará primero, sin piedad. No dejará que hables —escupió, con molestia en su tono—. Si quieres tener una oportunidad con él, debes volverte más fuerte. En tu estado actual, terminarás muerta. 

Bajé la cabeza. 

Miré la palma de mis manos con preocupación. 

—¿Una omega puede aumentar su fuerza? —pregunté, en voz baja. 

—Si crees en ello, es posible. 

—¿De verdad? —resoplé—. Creo que soy la más débil de todo el bosque. 

—¿No arde en ti el deseo de vengar a tu clan? —la voz de Seth sonó casi desafiante—. La motivación puede llevarte más lejos de lo que imaginas. No se trata de quién es débil o fuerte, porque los lobos podemos moldear nuestro poder, crecer con disciplina y entrenamiento. Un omega no es solo alguien que nace con escasa fuerza… es quien se resigna a permanecer así. ¿Y tú, Eloise? ¿Qué eliges?  

Sentí un nudo en la garganta. Sus palabras me golpearon como un reto. Mi corazón latía rápido, mientras pensaba en todo, recordaba a mi madre y a los HollowPine. 

El miedo seguía allí, pero se había encendido una llama en mi interior que quemaba. Lo miré a los ojos con determinación.  

—Quiero luchar y ser más fuerte. No voy a quedarme como una omega resignada —dije, entre dientes—. Voy a vengar a mi madre… y a mi manada. Haré que Magnus pague por todo el daño que ha hecho. 

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