Mundo ficciónIniciar sesión—¿Cómo estás tan seguro? —pregunté, aferrándome a una esperanza inexistente—. ¿Vieron los cuerpos? ¿Y si solo los encerró o algo?
Seth inhaló hondo. —Lamento mucho lo que le pasó a tu familia, pero ese hecho fue confirmado por el mismo Magnus —comentó, con pesar—. Le envió cartas a todas las manadas, incluyendo la mía. Dijo que si alguien se atrevía a faltarle el respeto o burlarse de él, tendría el mismo destino. —¡Pero no puede ser posible! Mi manada jamás le faltó el respeto. ¡Cumplimos con todo lo que Magnus pedía! —exclamé, con una mano en mi pecho—. Entonces no entiendo por qué… Las lágrimas no dejaban de salir. Imaginar que jamás volvería a ver la sonrisa de mi madre, me dolía en el alma. —Es probable que tu manada se haya negado a entregarle todos sus recursos a Magnus. Él es un tipo despreciable y ambicioso —explicó, con una expresión neutral—. Seguro quiso apoderarse de todo. —Él… —Mi mandíbula se tensó. El dolor que atravesó mi corazón se volvió insoportable. Todo empezaba a encajar. Por eso Magnus no me dejaba visitar a mi familia, por eso me decía que los olvidara, y por eso mi madre no respondía mis cartas. Magnus… él lo había hecho. El hombre al que estaba destinada, el que me había tratado con aparente dulzura y luego rompió mi corazón en pedazos, también era el verdugo de mi madre. En ese instante, el amor que alguna vez creí sentir se convirtió en odio puro. Aunque me dolió su rechazo y su humillación, seguía pensando en él, pero ahora con esta bomba… no podía perdonarlo nunca. Mi mandíbula se tensó. —Lo mataré —mascullé, con rabia contenida—. ¡Tengo que matarlo! Me levanté de la cama con el corazón acelerado. La ira me cegaba, tanto que olvidé por completo mi fragilidad de omega. Lo único que pensaba era en regresar a la manada StoneMoon, encontrar al maldito de Magnus, clavar mis manos en su cuello y vengar a mi madre, a mi manada, mi hogar… Pero Seth me detuvo. Sus manos se cerraron sobre mis hombros y me obligaron a mirarlo. Esos ojos ojos amarillos lograron consumirme. Era como si me dijera que no estaba lista y mi odio no bastaba para enfrentar al rey. Mi cuerpo no dejaba de temblar. —Respeto tu determinación, Eloise, pero me parece que tienes muy poco poder… —murmuró—. No podrás matar a Magnus solo por imaginarlo. —¡Pues entonces ayúdame! —le exigí. Sin pensarlo, me aferré al cuerpo de Seth en un abrazo, aunque fuera un completo desconocido. —Odias a Magnus, ¿no? Has peleado con él muchas veces —le dije, sin soltarlo—. ¡Puedes ayudarme a fortalecer mi poder! Es que yo… no puedo quedarme sin hacer nada. Mi madre lo era todo para mí. Ella estaba tan destrozada cuando me fui… Tuve que haberme quedado. Se supone que me entregué para salvarlos, ¿pero todo fue en vano? Seth suspiró. Cerré mis ojos con fuerza y me dejé llevar por su olor natural. Era una mezcla de lavanda y naranja. ¿Por qué olía tan bien? Seth solo me acarició la cabeza como si fuera una niña pequeña. Me dolía tanto no poder hacer nada. —Tiene que pagarlo… —murmuré—. Él no puede salirse con la suya. ¡No puede! —Debes calmarte. No lograrás nada sintiendo odio. El odio no te da poder, Eloise —susurró. Me aparté lo suficiente para mirarlo a los ojos. Fue entonces cuando noté nuestra diferencia de altura. Su presencia era intimidante, capaz de aplastarme con solo una mirada. Y aun así… me sentía protegida. ¿Por qué? No tenía sentido. El mismo hombre que me frenaba era también el único que parecía sostenerme en medio del abismo. —¿Y qué puedo hacer? Necesito al menos ir al territorio de mi manada y comprobar con mis propios ojos que ha desaparecido —pedí—. No pude despedirme de mi madre. Creí que volvería a verla… Es tan frustrante. —Sé cómo te sientes —respondió, girando la vista hacia otro lado—. No eres la única que ha perdido algo por culpa de Magnus. —¿Tú también? —cuestioné, hundiendo las cejas. Seth no respondió. En ese instante comprendí que Magnus jamás había sido bueno. El amor que me mostró no fue más que una mentira cuidadosamente tejida. Él resultó ser exactamente como los rumores decían: cruel, despiadado, sin corazón, incapaz de sentir compasión. Nunca se enamoró de mí, ni siquiera lo pensó. Seguramente tenía una amante, mientras yo ingenuamente creía en él. —Eres la única sobreviviente del clan HollowPine, Eloise —habló, con las manos en los bolsillos—. ¿Por qué? ¿Dónde estuviste todo este tiempo? ¿Y con quién ibas a casarte? Necesito que me cuentes todo para poder ayudarte. Me senté de nuevo en la cama y moví la cabeza en un asentimiento. Mi mente estaba hecha un caos, pero no le había contado nada de mí a Seth, quien me había salvado la vida. —Lo siento mucho, me dejé llevar por todo lo que sentía. —Tranquila, sé lo que es perder a alguien —murmuró, sentándose en la silla frente a mí—. ¿Conociste a Magnus? Abrí los ojos, recordando cada momento que pasé junto a él. —Iba a casarme con Magnus Valcruz, pero… —confesé, cabizbaja. Esas palabras se volvieron una tortura. Cualquiera creería que estaba loca por haber estado a punto de casarme con el verdugo de mi clan. Seth no me dejó terminar. Esa hospitalidad y ternura con la que me recibió, cambió por completo. Su semblante se oscureció y se levantó de la silla. Me miró con un desprecio que destruyó aún más mi corazón. —Largo de aquí. Quedé en shock, mi corazón latió con fuerza al sentirme despreciada por el hombre que me había salvado solo por haber mencionado ese detalle. —Seth, por lo menos déjame explicarte por qué lo hice —pedí, con la voz temblorosa. Seth me dio la espalda. —No necesito recibir explicaciones de alguien que iba a casarse con el hombre más despiadado de este bosque —masculló, con una voz diferente, más cruel—. El mismo hombre que acabó con tu familia. ¿No te da vergüenza? Abrí los ojos. Mi pecho dolió al darme cuenta de cómo Seth me miraba, como si fuera la mujer de Magnus. ¿Acaso no había visto mi estado cuando caí del acantilado? ¿No entendía que ese vínculo era una condena? La rabia y la impotencia se mezclaron dentro de mí, quemándome por dentro. —¡Seth! ¡Déjame explicar mi versión, por favor! —rogué. —Puedes quedarte un día más, pero mañana no quiero verte aquí. Podrías ser un peligro para mi manada, Eloise —ordenó—. Estuviste con Magnus, y eso ya es malo. Lo siento, pero no pienso arriesgarme. Seth me lanzó una última mirada llena de decepción y desprecio, antes de girarse y abandonar la habitación.






