El mundo a mi alrededor se había vuelto borroso y no dejaba de escuchar el eco de los gritos de victoria de mis aliados. La batalla había terminado, pero para mí, el mundo se derumbaba a mi alrededor al ver a mi alfa tirado en el suelo.
—¡Seth! Seth, resiste, por favor —supliqué, sintiendo cómo mi voz se desgarraba en mi garganta.
Él estaba en un estado muy crítico; podía sentirlo dentro de mí. Era una presión punzante que me aplastaba los pulmones.
Era como si el lazo que nos unía se estuvi