Dos días luego del éxodo de los Dumas, uno de ellos regresó a la aldea. Los gritos de quienes lo vieron alertaron al resto y pronto hub0 una multitud de atemorizados humanos esperando por sus parientes. Como si el extraño evento no hubiera sido lo suficientemente enigmático, el hombre regresaba desnudo, cubierto sólo por tierra y hojas. Nada dijo él y fue llevado a casa por su esposa y su cuñado.
Uno a uno todos fueron llegando en idénticas condiciones: desnudos, sucios, abstraídos y extenuados.