—Habla claro, bestia. No tengo tiempo como para perderlo con tus juegos. ¿Estás aquí por los Dumas?
—Por supuesto, Camsuq. Todo tiene que ver con los Dumas, eso lo sabes bien. Fue por su causa que nuestros caminos se cruzaron y fue por esa misma razón que me enviaste a tu amada florecita.
—Lis no está aquí, ¿o sí? No te atrevas a ponerla en peligro.
Por más que Desz intentó mantener su seriedad, una risa se le escapó. Sólo Camsuq podía enfurecerlo con la misma intensidad con la que le arrancab